No te extrañes.
No es nada raro que no me guste que te vayas si resulta que yo me dedico a pensar en escapadas que hacer contigo, en imaginar un futuro contigo, en definitiva, a echarte de menos y tú me llamas para que te "acompañe" en el camino de vuelta a casa cuando vuelves de fiesta o para rellenar las horas muertas de aeropuerto para contarme lo bien que te lo has pasado, lo maravilloso que es encontrarte con ciertas personas, lo ilusionada que estás por la posibilidad de que te ofrezcan un trabajo en tu pequeño país y para preguntarme si te echo de menos.
Pero nada, tranquila, que soy consciente de que toda esta situación es culpa mía, que en mi mano está dejar de ser yo la única que eche de menos en esta relación, en mi mano está dejar de quedarme con cara de idiota cada vez que te vas.
¡Verás qué divertido que te quieran como tú quieres!