Creo que si nos quedamos encallados en el sentimiento de culpa, acabamos viviendo en la eterna y fatigante "tierra de nadie".
La perdoné mucho tiempo antes de lo que ella creía, pero no se lo había dicho.
Se lo dije y mis palabras debieron ser como las del sacerdote que da la extremaunción, porque no volví a saber de ella.
Y así se certificó la muerte de la relación.
No sabía que el sentimiento de culpa era lo único que nos quedaba.
