Después de este año horribilis que llevaba, nunca había deseado tan fervientemente la llegada de este descanso.
Una casita con cala privada, sol y el pueblo más cercano a 10 km. Sin ruido, sin gente, sin agobios... ideal para desconectar de todo y de todos.
Lo repasó todo antes de irse: llave del gas cerrada, aparatos eléctricos apagados... ¿se llevaba el portátil o no?... Sí, no quería renunciar a las noches de sexo virtual que hacía unos meses compartía con un desconocido...
- Pero el wifi lo apago - pensó -. Que se joda el vecino.
Se despidió de Piolín, el periquito del que su madre se ocuparía, echó un último vistazo para asegurarse que todo estaba bien y se marchó rumbo al aeropuerto.
Una vez instalada en su lugar de descanso, le envió un mail a su amante virtual, pero no hubo respuesta.
Por la noche le esperó impaciente en el chat, pero tampoco apareció.
La situación se repitió en los siguientes dos días.
- Lo que me faltaba. Otro que me abandona - se dijo mientras encendía de nuevo el portatil para enviarle un mail.
Entonces vio un mail suyo en la Bandeja de Entrada:
Perdona que no te haya escrito antes. La cabrona de mi vecina apagó el wifi. Me he cargado a su puto pájaro cantarín como venganza. Que se joda.

