
Leyó que una de las peores cosas que le podían pasar a los bosques incendiados era que, al poco tiempo, cayesen lluvias torrenciales.
Pensó en su corazón.
La pasión vivida fue el elemento principal de combustión para que se incendiase.
Las lágrimas que derramó sin control tras su abandono lo erosionaron irremediablemente hasta dejarlo seco, árido.
Acababa de entender a la perfección el proceso de desertización.

