No sé si me he quedado sin frenos o no, pero no me importa porque no los voy a utilizar, porque qué más da si he cogido tanta velocidad que la probabilidad de caerme sea elevada si todo el mundo sabe que frenar cuando hay gravilla te asegura la caída.
Porque la gravilla no son más que inseguridades y no voy a dejar que me paren, me frenen o me tiren.
Lo he entendido.
Si al final del trayecto hay un muro infranqueable, me estamparé contra él, pero no voy a quedarme en el camino.
Después de la caída ya curaré las heridas y soldaré las fracturas.
Me quedarán bonitas cicatrices.
Al menos me recordarán que viví.
