miércoles 29 de julio de 2009

Sin miedo

¡¡Cobarde, no corras!!, me grita ese monstruo llamado Miedo al Rechazo.

¿Cobarde dice?, pienso mientras sigo corriendo como alma que lleva el diablo y una mueca de sonrisa asoma en mi boca.

¡Pobre monstruo!
Poco se espera él que mi ataque le vendrá de improviso.
Ay, si el pobre supiera que no corro para huir si no que corro tras de ti... a buscarte.

miércoles 22 de julio de 2009

En el andén

"Salida inmediata del tren estacionado en la vía 2", oí decir por los altavoces mientras mis ojos volvían a clavarse en el reloj que presidía el andén.

Y ese reloj, analógico, enorme, ovalado y con números romanos, estaba situado de tal manera que cualquier pasajero, desde cualquier punto de la estación, podía mirarlo, observarlo, maldecirlo.
Sí maldecirlo, ya fuese por los impacientes que desesperaban por su 'lentitud' o bien por los que no tenían prisa y maldecían su hambre voraz.

De estos últimos era yo y así me encontraba, maldiciéndole, maldiciendo el hambre con que devoraba los minutos sin que ella apareciese, sintiendo a su vez cómo, ésos minutos, se tragaban la esperanza, una esperanza que, al consumirse, dejaron a la ilusión, a las fuerzas y a las ganas, varadas en aquél andén de aquélla estación.

Y si fuese como Humphey Bogart, me largaría a Casablanca y me hundiría escuchando ‘As time goes by’, pero a mí no me vale lo de “siempre nos quedará París”… porque yo ¡ni siquiera he estado en París!

Así que guapa, vete por donde viniste, que yo soy más de “una y no más, Santo Tomás”.

miércoles 8 de julio de 2009

Canícula

Me despierta una gota de sudor rodando por mi espalda.
Así no hay manera de echarse una siesta.
El calor ha entumecido mis brazos, mis piernas, mi voluntad.
Aún así, consigo incorporarme y arrastrar mis pies con dirección a la cocina.
Tengo la boca seca, pastosa, así que abro la nevera y me dejo envolver por su bocanada de frío.
Cojo la garrafa de agua y bebo con ansia y desesperación, consiguiendo que el agua escape de mi boca y se deslice por mi cuello, alcanzando mi pecho desnudo y provocándome un escalofrío.

Miro por la ventana de la cocina. El sol es cegador y el calor asfixiante. Miles de personas tumbadas, o desparramadas debería decir, en la playa.
Las gotas que corrían por mi boca, cuello, pecho, parecen haberse evaporado.
Abro el grifo de la cocina y meto la cabeza debajo. Noto el inteso chorro helado sobre mi pelo, que se vuelve de plomo, empapado.
Cierro el grifo. Levanto la cabeza y dejo que miles de gotas se deslicen por mi cuello, mi espalda, mi pecho.
Vuelvo a dirigirme a la habitación. Quizás con este frescor recuperado pueda volver a dormirme.

Me tumbo en la cama y cierro los ojos. Decenas de imágenes de ti asaltan mi mente: tus ojos, tu sonrisa, tu cuello, tu espalda arqueada, tu pecho, tu ombligo, tu... ¡Basta! ¡Qué puto calor!
Abro los ojos, me doy la vuelta y allí estás tú, mirándome, sonriéndome, acercándote a mi boca, pegándote a mi cuerpo, que se prepara para lo que va a pasar.

Morir deshidratada haciéndote el amor no me parece tan mala idea.

lunes 6 de julio de 2009

GPS

Toda la vida organizando al mínimo detalle mis viajes, comprobando rutas, actualizando mapas, repasando el callejero, comprándome un GPS... Todo para no perderme.
Y ahora llegas tú y descubro el placer de hacerlo. De perderme.
Toda la vida buscando mi sitio y lo encuentro perdida. Perdida en tus ojos.
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