¿No lo recuerdas?
Era yo.
Era yo la que buscaba tu boca y tú la que esquivabas mis besos.
Era yo la que buscaba tu mano para pasear por las calles y tú la que te asías a las de cualquier desconocida que te prometiese descubrirte un mundo nuevo.
Era yo la que se convirtió en tu apoyo cuando despertabas de cualquier sueño inventado, hecho de mentiras y eras tú la que me dejaba suspendida en el vacío de mi pena porque nunca había tiempo para mis lamentos.
Y un día me cansé.
Me cansé de reconstruir tus sueños rotos, tu ego malherido, de intentar guiar tu alma perdida hacia mi camino... y me convertí en la mala.
¿Y dónde habrán ido todos aquellos besos, todos los paseos no dados?
Los perdí. Se fueron por el sumidero de la desilusión...
O quizás no. Quizás sólo perdí la ilusión.
Al fin y al cabo, no puedes perder lo que nunca has tenido.