jueves 30 de abril de 2009

La cajita de música

Hay noches que te echo tanto de menos que mi cama se vuelve de espino y sólo siento ansiedad.

Es entonces cuando escucho la cajita de música, ésa que me regalaste, y dejo que sus notas sirvan de llave para tu compartimento secreto, ése en el que anidas y que, en esas noches, me lleva hasta aquella tarde de verano en mi casa, cuando tocaste al piano esta canción...


martes 21 de abril de 2009

La Infectada

"La lejía lo desinfecta todo", le decía siempre su madre mientras anegaba el suelo del cuarto de baño y de la cocina.

Y así es como estaba ella. Infectada.
Amarga hiel en sus labios.
Coagulos de engaño obstruyendo sus arterias.
Veneno de mentiras recorriendo sus venas.
Mirada desesperada buscando remedio al virus que padecía.

Limpiar.
Desinfectar.
Limpiar.
Desinfectar.
Limpiar.
Desinfectar.

Abrió la botella de lejía y se la bebió.

miércoles 15 de abril de 2009

Nada

Despertó empapada en sudor, un sudor frío que todavía le recorría la espalda.
Intentó moverse, levantarse, andar, pero notó que sus fuerzas flaqueaban. Era como si algo la inmovilizase, como si un peso muerto estuviese sobre ella.

Con dificultad movió las manos, comprobando que tenía movilidad en ellas.
Las metió dentro de las sábanas y comprobó que no había nada que la retuviese.
Volvió a hacer un esfuerzo y con parsimonia salió de la cama y dirigió sus pies, que parecían de plomo, hacia el baño. Se miró en el espejo y se asustó al ver su mirada, vacía, hueca. 
Un escalofrío volvió a recorrerle el cuerpo mientras los recuerdos volvían a asomarse a través de su memoria.
Con el miedo guiando esta vez sus pasos, volvió a la habitación y armándose de valor encendió la luz.
Una vez más, y ya había perdido la cuenta de cuántas iban, la realidad la golpeó. Lo que sus ojos secos volvían a ver la hizo aullar de dolor. Y es que allí, en la habitación, en la cama, no había nadie. 
Estaba sola.
A su lado no había nadie, sólo una ausencia, un vacío, el mismo que quedó en su pecho cuando se lo entregó a quien ya no compartía sus días. 
¿De qué le servía aquél corazón que ya no le pertenecía, que había entregado a quién ya no la quería?
Así que ése vacío, ése hueco, lo llenó de nada. Una nada tan pesada que no le dejaba fuerzas más que para vagar por su casa.

martes 7 de abril de 2009

Sirenas

Se sumerge en el mar donde sus lágrimas saladas se confunden con el agua.
Es su manera de fundirse, de desaparecer.
Eso le gustaría, volverse agua y dejarse arrastrar, porque cuando no sabes hacia dónde ir, nada mejor que dejarse arrastrar por las corrientes.
No lo sabe, pero ya es un pez, una especie de sirena fuera de su medio.
Es por eso que se ahoga a menudo y, es entonces, cuando todos sus pensamientos de huída, todas sus lágrimas acaban allí, en el mar.

¿Y yo?

Yo me convierto en su mar particular, a escala, como una especie de pecera donde pueda respirar, obviando que "el mar no se puede meter en ninguna botella" y que las sirenas no pueden vivir en bañeras eternamente.

jueves 2 de abril de 2009

Aquí me bajo

Hacía tiempo que no me pasaba. Ya casi había olvidado aquélla sensación.
Hoy recordé que el mundo, este mundo en el que vivimos, lleva un ritmo que no siempre da tregua a mis pensamientos.
Y mis pensamientos se han rebelado y me han dicho que era el momento de parar.
"Aquí nos bajamos", han parecido gritar.
Así que, como a cámara lenta, he mirado mi reloj, las puertas del metro abiertas y allí seguía yo, como una rémora.
De repente, la letanía del sonido de aviso del cierre de las puertas y, como un resorte, he cogido mi chaqueta y mi bolso y he saltado al andén ante la atónita mirada de mis compañeros de vagón, me he sentado en un banco y he dejado que mi mirada hiciese lo que quería hacer: perderse, como mis pensamientos que navegaban entre las imágenes almacenadas de ti en memoria, mientras en mi cara se dibujaba una sonrisa.
Hoy, por unos minutos, me he bajado del mundo y he esperado a que llegase el siguiente tren.
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